Te pongo like en una app en donde nadie la pone

A ver. Levanten la mano los que odian coger. Ok, perfecto. O somos todos mancos, o estamos todos de acuerdo. (Es decir, nadie odia coger. Prestá atención ¿dale?) Ese ya es un gran primer paso. Ahora, ¿como puede ser que venga un chaboncito, Juan Tinder digamos, arme una aplicación infalible para hacer las cosas más fáciles, y se arme semejante controversia? Acá hay un problema. Acá algo no anda bien. Y yo creo que se están confundiendo mucho.

Arranquemos por las reglas básicas de la aplicación. Te armás un perfil con cinco fotos, podés poner alguna información extra abajo, y la gente va surfeando entre cara y cara hasta encontrar alguna que le guste. Cuando te gusta, va el corazón, cuando te parece un cago, va la cruz. Si coinciden los corazones (oh so romantic, John Tinder), se abre una ventanita mágica donde se te tiene que ocurrir una genialidad, a vos, si, a vos como mujer, para decirle a otra  mina/hombre algo  sin quedar como una pajera/ banana/una repelotuda y en su defecto, nuevamente, un pajera. Si: Pajera está dos veces en la lista.

Pero bueno, esto no es nada comparado con otras problemáticas más complejas que cito a continuación.

PROBLEMATICA NUMERO UNO: 

¿Tenés cinco fotos y me ponés las cinco con anteojos? ¿Tenés cinco fotos y me ponés tres de tu perro y en las otras dos estás con seis amigas? Pará, pará, pará. Tenés cinco fotos… ¿y me ponés la misma foto, repetida 4 veces, pero en diferentes tamaños? Me van a enfermar.

PROBLEMATICA NUMERO DOS:  

E-X-P-L-I-C-A-M-E eso de “paulitaaaa diosaaaa te amoooooo soy tu bestu bestu bestuuuu y sos divina!!!“ en la parte de información extra. A ver. Vamos de a poco. Dentro de “información extra“, ¿sabés que estaría muy muy muy bueno poner? Algo que no me de cáncer de ojos, para empezar. ¿Qué es eso de decirle a tu amiga que la querés en un lugar donde tendría que haber información valiosa? Mandale un mail hermana. De nuevo, tengo cinco fotos de mierda para saber si me gustás o no, y ¿usas ese lugar donde por ahi podés llegar a quedar como una mina culta/copada/interesante en un mensaje pedorro que te dejaría tu prima de 11 años en el libro ese que todos firman en tu fiesta de quince? La re concha de mi hermana. Poneme tu Instagram, boluda. Poneme tu Twitter si considerás que sos un cago de risa. Poneme un dato que valga la pena mencionar. PONEME AHI QUE TENES UN TERCER PEZON COMO PARA IR PREPARANDOME MENTALMENTE, DE ULTIMA.

 

PROBLEMATICA NUMERO TRES:

Vos. Jaja, vos… vos. A vos te quería agarrar. ¿PARAQUE-MIERDA-MEPONES-TUMAIL? (Si, perdón, a veces separo en sílabas como el orto porque me parece que tiene más énfasis decirlo así.) Nonononononononononono, contame, en serio, contame para qué ponés tu mail. Contame. ¿Te copio en la cadena de fin de año deseando felices fiestas ? O no, mejor. Tengo una idea espectacular. Veo tus cinco fotos. Si, ponele que estás buena. Escribir nuevo mail. ¿Asunto? “Tinder“, obvio. A ver.. ¿cómo escribo esto?

YA SE.

“Hola si, mirá, no me alcanzó mucho con ponerte like en una página básicamente diseñada para ponerla donde nadie la pone, sino que además se me ocurrió que mandarte un mail podía llegar a ser una gran idea. En fin, nada, que buena estás. Besote.“

 

Sacá el mail, haceme el favor. No, sacalo. Ey. Sacalo. No, no pongas lo que piensa Rochi de vos. Sacá el mail, y sacá eso también. ¿Una frase? Si, qué se yo, poné una frase.

 

PROBLEMATICA NUMERO CUATRO:

Claro, evidentemente no se entendió bien la primer consigna. ¿Cómo decirlo diplomáticamente? Déjame pensar dos toques. ¿SI NO PODES GARCHAR PORQUE YA TENES UN COMPROMISO CON OTRA PERSONA QUE MIERDA HACES EN TINDER? A menos que estés buscando un trío, en cuyo caso, ¿POR QUE MIERDA NO PONES QUE ESTAS BUSCANDO UN TRIO EN LA PARTE DE INFORMACION EXTRA? ESO es información valiosa. ESO hay que poner ahí. ¿Todo hay que enseñarles?

 

PROBLEMATICA NUMERO CINCO:

A vos. A vos te dejé para el final. Vos, que tenemos un montón de amigos en común. Vos, que nos hemos cruzado en más de una fiesta, en algún que otro boliche, que hasta capaz nos conocemos bastante. Vos. Vos, que hablamos alguna que otra vez durante 3 minutos, y te tiré un más proyectiles que los que cruzaron la franja de Gaza. Explicame, por favor, de verdad, en serio, posta, real, sin joder, fuera de todo tipo de chiste: ¿por qué? Quiero saber por qué. ¿Por qué ponés like? Por que… ¿me conocés?

¿A qué vamos con todo esto? Si ya sé lo que vas a decir. “Tinder es el ocaso de todos los tiempos. La superficialización del amor en su máxima expresión, una tragedia sin retorno“. Mirá negri, no te vas a casar con alguien de Tinder. Eso está claro. Pero no te vi levantando la mano al principio de nuestra charla, entonces, hay una contradicción. Tinder lo único que es, fuera de lo que es Instagram o Facebook, es una forma más directa de decir lo que dicen los likes y los comentarios. Dejemos atrás esos supuestos imaginarios de que “nada positivo puede salir desde un medio virtual“ en términos de relaciones interpersonales. Boludo, donan plata para Greenpeace por internet pero ¿no pueden encontrar un huesito en Tinder porque “que patético todo“? No me hagan cagar de risa.

Poner like tampoco es firmar un contrato para terminar en la cama. Poner like es abrir una puerta. Animate a tirarle un par de corazones a esos tres o cuatro pibitos facheros de los miles que te aparecieron. Probablemente la mayoría sean una masa y pegues tres invitaciones a hacer algo.

(A menos que empiecen la conversación con un “¿Cómo baila?“. Ahí borrar, bloquear, eliminar aplicación y tirar teléfono a la basura) .

 

 

ironía con ciencia

Hay un tema que nos está conduciendo al a extinción de la raza humana lo cual es malo (por alguna razón). Y no hablo de epidemias ni guerras nucleares, ni de reggaetón ni de nada de eso…me refiero a la sobrepoblación. Y este es uno de los grandes problemas para la ciencia, porque créanlo o no la Tierra ya no soporta tantos seres humanos. Somos tan insoportables que ni la Tierra nos quiere (gracias familia Kardashan). La sobrepoblación es, para que se den una idea, como vivir en la casa de tus viejos cuando abandonaste la universidad: simplemente llega un momento en el que ya no tener lugar ahí. Y menos si vivís vos y tus siete millones de mejores amigos.

Y acá la ciencia aparece intentando resolver el tema de cómo la población crece exponencialmente y cómo vive más tiempo gracias a la medicina y demás, mientras los recursos naturales, el espacio y la comida disminuyen a la misma velocidad  ¿por qué?..Porque todos seguimos comiendo hasta donde se, o , casi todos  (hola tercer mundo).  Esto es,  otra vez,  como cuando te vas de la casa de tus viejos que pensabas que la comida de la heladera era eterna, hasta que descubrís que ya no hay comida, ni heladera, ni casa ni plata para cigarrillos .

Viendo y considerando, en algunos años vamos a tener que conformarnos con vivir en un eterno festival de música: sin espacio, sin agua, sin alimento y sin servicios médicos. La única que queda – dice la ciencia- es ir a poblar Marte.. aunque … ¿Marte ya fue no fue conquistado por Britney (ops i did it again ) como hace unos cuarenta años?

Ahora, lo bueno, es que abemos qué cantidad de personas puede soportar la Tierra ya que el “Stonhenge de Estados Unidos” que es un monumento financiado por quien sabe quién dice en ocho idiomas que hay que “mantener a la humanidad bajo los quinientos millones. ¡gringos! : Ellos solitos tienen quinientos millones de mc donalds.

Todo indicaría que si no se toman medidas radicales, a la humanidad le va a pasar lo mismo que al rock argentino: se va a extinguir dolorosamente. ¡Felicidades!

 

 

Cambiamos

“Hay poetas de extraña
versatilidad para la mentira.
Yo miento la verdad”

-¿A qué me dedico dice usted? – arremetió el humorista como consecuencia de mi pregunta-. Pues yo escribo chistes en el Boletín Oficial.
– Pero, si no existen tales chistes en ese documento.
– Pues por eso.
– Ya que está usted vinculado con el tema, dígame entonces ¿cómo ve este nuevo estado de cosas, este nuevo ascenso político?
– Mal, lo veo bastante mal. Pero tenga en cuenta que soy miope.
– ¿Cree que durará los cuatro años que le quedan por delante?
– Teniendo en cuenta que se lo implantó sin sangre, haga usted un cálculo.
– ¿No cree que pueda existir una explosión popular antes de que termine la gestión? Ya se, soy muy optimista…
– Claro. Si, creo en que ello ocurra, pero mi temor es que cuando se produzca yo ya me haya quedado sordo y no la escuche.
– ¿Qué opina usted de Macri?
– ¿De Macri? Que es un enano
– Pero digo como político.
– Si, como político: es un enano.
– Y de Hitler ¿cree que pese a todo tenía otra talla?
– Pasa que el problema ahí es distinto, pues el era un loco pedante , con delirios de grandeza, pero un loco al fin.
– ¿Y Mussolini?
– Claro está: un enano loco, que encima tenía ataques epilépticos. Por eso levantaba tanto el brazo.
– Pero…Mussolini no se tiraba al suelo
– No, claro: prefería tirar a los demás.
– Dígamene una cosa, ¿usted prefiere la censura o la autocensura?.
– Ninguna. Me quedo con la tercera posición: la libertad.
– ¿Libertad en un gobierno que pretenderá servirse de todos los medios de prensa que tenga a la mano para dejar bien parada su ideológica?
– Entonces será libertad adentro de una caja de cartón, pero libertad en fin.
– ¿Cree que hay países latinomaricanos con menos libertad que este?
– Mmm, no me resulta cuantificable una cosa así, pero sólo por ensayar una respuesta podría decir que si, que algunos tienen unos kilos menos.
– ¿Cómo ve a la prensa Argentina?
– Perfecta para este nuevo partido: aburrida, equivoca, servil y anticuada. Como en definitiva debe ser la prensa. Con unos amigos queríamos sacar una revista de humor que rompa con esta línea, queríamos ponerle El Zurdo, pero creo que las autoridades sospecharon algo.
– Claro, son tan mal pensadas.
– ¿Pero usted cree que la revista tendría lectores?
– No, en Argentina no hay verdaderos lectores, no al menos de diarios o revistas. Si los hubiera, si existieran efectivamente esos verdaderos lectores, los diarios no tendrían ni uno solo.
– Cree que la prensa puede hablar de cosas que antes no. Digo, ¿ve acaso una apertura en este sentido?
– Si, creo que se abrió mucho en materia de sexo. Ya hasta se puede decir paja, culo, teta, sin pedir permiso ni perdón.
– ¿Incluso pene?
– No, eso aún no. Pero algo es algo. Al menos los extranjeros ahora pueden leer el diario sin pensar en que somos un país de reprimidos sexuales.
– ¿Cree que el pueblo argentino tiene sentido del humor?
– Menos del que dice tener, y más del que debería después de las cosas que le pasaron..
– ¿Y será que acaso los humoristas tienen algún sentido de pueblo?
– Y, ya eso es difícil de precisar.
– ¿Por qué lo dice?
– Y bueno, resulta que el que más cosas graciosas dijo en el país este último tiempo es ahora quien nos gobierna.
– ¿Humor negro?
– Si, es el único color que puede tener el humor de derecha, el fascista.
– ¿Qué es el fascismo?
– El fascismo es… en definitiva, gente que camina.

 

Jime N.

No intentes darme un beso

Borges es mi poeta preferido, aunque él decía que era elitista. La última vez que lo ví la charla iba más rápida que el río que corre frente a mi casa de la infancia. No fue difícil aludir autores y libros, pasearse por una o dos tanguearía, disfrutar de un vino. Me dio un recital de canciones de amor en un bar, mientras yo le miraba la boca y trataba de hacer un backup de ese momento, por si en algún día la cabeza me hackeaba el recuerdo. El juego venía perfecto, batíamos record de puntaje.

De salida de todo eso, cuando llegó el momento, le confesé mi amor en términos platónicos, socráticos y cartesianos, mientras esperé que a la vuelta de la esquina el farol iluminara un beso. Pero el se blindó los labios y miró para otro lado, mientras yo mentalmente reptaba por su cuello con ganas de desvalijarle el alma.

La escenografía estaba montada, plaza Francia nos acogía con la humedad del verano, algunos tipos salían desalineados de los bares que olían a cerveza y hasta el fantasma de Bukowski nos acechaba desde un rincón con una libreta y una ginebra. Después pasó un taxi, inoportuno,  y se lo llevó.

Cuando llegue a casa me esperaban unas cuantas pilas de libros, que no sobrepasaban la de los discos. En mi casilla de mail titilaba un mail suyo con el asunto: no me veas, y una página en blanco del Word me aguardaba desde hace algunas horas para ser llenada con mis cursilerías. Entonces escribí este texto, que se llama: No intentes darme un beso. Y, bueno,  acá está.

ÜKBHAR HASHLIF, DIOS Y LA ETERNIDAD

He perdido en mi memoria la imagen de mi niñez, la cual suponía eterna cuando ella aún era en mí. He perdido la imagen de mí mismo tal cómo ustedes ahora pueden verme. He perdido, también, la cifra exacta de los años que aquí agonizo.

Me supongo el rostro sumergido en arrugas y el cuerpo lánguido. Los hombres que buscaban el camino a la tierra prometida – creo que esa palabra utilizaron – y que en su nombre me laceraron con puños y puñales para que los condujera hacia ella; aquellos que castigaron mis ojos asesinando o deformando gente; los guerreros de la liga de Delos conducidos por Atenas y  los de la liga del Peloponeso conducidos por Esparta; Homero incurriendo en la empresa de la literatura épica;  los patíbulos alemanes del tercer reich;  la esperanza que nos guarda la pequeña isla del Caribe; el calor agobiante que calcina segundo a segundo la única parte de mi anatomía que El decidió dejar a la intemperie. Me ha urgido avistar el recuerdo.

Entre tantas cosas, he intentado recordar el número de piernas que han entrado en algún pueblo de Europa del este, o el orden  de los dígitos grabados en un papel en la ciudad de Rabat, pero me resulta oneroso. Una noche sentí la muerte pulular alrededor de mí, pero, Dios no le permitiría acercarse. No me alimento desde aquella noche, en la ciudad del  Cairo, cuando rogué al Supremo mi inmortalidad.

Sólo bebo el agua elemental que alcanza la lluvia a mi boca. He dedicado noches enteras a descifrar el orden y el número de estrellas del cielo, pero tormentas de viento zonda y tierra se empeñaron en dejarme inconcluso este designio. Más de una vez deliré por la fiebre y grité ampulosamente que era imposible combinar ubicación y número de las cosas infinitas. Recuerdo algunas de ellas, sin embargo: blancas, de contorno azul. Un cielo progresivo que distaba del artificial. He deducido que el hombre está condenado a ser ciervo del hombre porque no acepta la virtud suprema de la igualdad y decide también ser su lobo. El hombre será siempre el resultado de su cerebro puesto a resolver los problemas que le son dados por las circunstancias. Cada hombre depende de sí mismo en relación directa con los demás. Si estos actos le resultan favorables, le llamará buena suerte; o desgracia, si el deseo que había urdido se pierde en la realidad. La metafísica le es dada al hombre para divagar y jugar a la sabiduría. Pero sólo la realidad daña o hace feliz. Sólo la realidad son las cosas. La vida me ha enseñado eso, condena mediante. Entre mis años soñé el abrazo de una mujer y su cuerpo recostado en la arena. Siento la emoción y la conmoción, pero no me es posible llorar, pues, El me ha quitado el llanto. Veo una esfera perfecta hecha de tierra, piedra, agua y fuego. Nunca lo he visto a El en ella. Se que alguien más lo vio.

Vuelvo a dormir para alejarme de mi vida mortal. De los inagotables recuerdos y de los sueños regreso a la vigilia. He intentado sigilosa y vanamente liberarme de entre estos infinitos granos de arena en la madrugada, pero, es tal la longitud de mis piernas, que mi cerebro a perdido la capacidad de dominarlas en su totalidad.

En la tierra he visto miles de nombres, número y formas. Tal vez alguna sea la ciudad de la que aquellos ascéticos hombres mencionaron. Tratar de encontrar esa formula es posiblemente mi deber. No la diré al tirano ni al libre competidor. Entonces, tal vez, no la mencionaré nunca.

La sentencia que hoy cumplo me fue impartida por una mente Absoluta. Me ha condenado a la eternidad que lloré aquella noche de blasfemia en el Cairo. Me ha condenado a presenciar el flagelo de la inmensa mayoría. He aprendido yo, Ükbhar Hashlif, que Dios no es dueño de las facultades absolutas para remediar el problema de la humanidad: el hombre. Existen ciertos atisbos que me convidan a suponer que (tal vez) me ha condenado a la vida eterna para ayudarle en la salvación humana. Mientras tanto yazgo en el olvido de sus días, como yace la humanidad.

J.S.N

FAUSTO

 Nada de él me atraía tanto como su olor. Nada de él me atraía tanto como esa mezcla descompaginada de la fragancia destilada por su piel, algún perfume indecible y las bocanadas de humo sabor chocolate que emergían de su pipa.
Nunca fuimos partidarios del roce, sino más bien, de locuaces intercambios corporales, furiosos y desatados, que luego se diluían en el tiempo, como si nunca hubieran ocurrido. En ese entonces nos resultaba atractivo no amarnos, preferimos ser simples cómplices de un mutuo agrado convaleciente, que revivía de cuando en cuando, esas veces que espontáneamente decidíamos agolparnos.

No nos importó ser bellos, altos o bajos, ni siquiera nos ocupamos de parafrasear a los intelectuales que admirábamos, para admirarnos. Nada fue posible, porque no deseábamos nada de nosotros, no pretendíamos más que estos golpes atroces que atiborraran nuestros espacios, hasta quedar ambos cuerpos sobre una misma baldosa color mostaza.

Fausto, era un ser que no merecía discusión, no porque no la valiera, sino más bien porque problematizarlo hubiera sido desencantarlo, despojarlo de ese olor idílico, ese mismo que conservaba entre mis manos cuarenta calles más allá de él.; Ese mismo que aspiraba con ansias de mayor fidelidad, pero que por su contrario, se desvanecía cada vez que mi nariz se sumergía en su efímero encanto.

Simplemente nosotros y nuestras ansias de inmortalidad. No gustábamos satisfacer placeres dionisiacos, sólo pequeños y violentos golpazos de hombres vivos. Ni sentimiento, ni voluntad, ni siquiera escalones que condujesen a un desenlace final, que nos congraciara con él sentido de lo que antecedía.

Sólo el jazz, su boca y sus manos como golpes

Y se hará el silencio

 Capitulo Primero

Supongo que nunca creíste que el final estaba cerca. Estabas ahí, con tu atuendo negro, contrastando los lentos jardines que crecían afuera de la casa. En mi caso no era tan grave, pues, yo había dejado de quererte hace ya algún tiempo, aunque seguía prendida de tu existencia convencida de que el amor volvería, tan espontáneamente como se había ido.

Ya te habías dado cuenta que yo no era la misma, que mis manos no salían nunca a tu encuentro y que mi risa ya no oficiaba de  buen souvenir entre los pasillos de la casa. Es más, te molestaba oír mis carcajadas que en los últimos meses sólo se conjugaban con llamadas telefónicas que ni vos sospechabas de dónde venían.

Pero no querías entender, tu cuerpo se enfrentaba como un quijote silencioso ante mis cóleras, contra el frío que se colaba por debajo de las más pesadas de las frazadas.

Es que ni una inmensa fogata en el medio de nosotros hubiera podida devolvernos alguna de esas chispas que el otoño había arrastrado, como hojas secas hacia otros senderos. ¿Cómo es que no llorabas? ¿Cómo es que no tenías gritos de ira en contra de mi ausencia?. Eras simplemente como un ciego que creía en lo inmutable, que pese a  llenar su cuerpo de golpes se doblegaba con su bastón, intentando encontrar algún camino ya antes surcado en la memoria.

Ya se, vos no tenías la culpa, pero tampoco entendías que tenias que irte, ni yo que tenía que dejarte. Vos fuiste testigo, viste como poco a poco mi universo se achicaba hasta configurarse en una pequeña gota de agua, en un pequeño destello transparente en el que podía caber un mundo. Vos estuviste cuando la casa comenzó a quedarme grande y cuando alejada de todos solía sentarme en el sillón, sin leer, sin pensar, sólo murmurando un rezo absurdo que ni yo misma comprendía su significado.

Así fueron los años en los que vos, pienso, me confundías con tus libros, en los que te convencías de tu engaño, esos mismos en los que encontrabas placer en vendarte los ojos. Estabas prendado a tu máxima, a esa que proponía que siempre podías volver, volver de todas partes. ¿Habrá sido esa tu profecía querido Marco? ¿Habrías querido llenar de pisadas el viejo camino, para que tal vez, cuando me hallara perdida lo encontrara?.

Vos no lo sabías, pero eso era lo que más me enfermaba: tu negación silenciosa, tu mirada risueña, tu contemplación de paz. Cada día me levantaba odiándote un poco, esperando que como un tirano te alzaras contra mi cuerpo, que bramaras y escupieras como lanzas las peores barbaridades, que tomaras tus desteñidas valijas y quizá te fueras. Esperaba callada, pero no menos expectante,  que truncaras por golpes la humillación a la que te sometía a diario, que al fin saliera de tus adentros esa absurda nube en reposo y que me barriera con un espiral de viento las entrañas.

Pero vos no sucumbías a los vestigios de mi tristeza, ni a mi furia, ni siquiera a mi estúpido silencio. Te movías tranquilo, apenas con la vacilación de la llama de una vela en un cuarto sin viento,  y yo, con el corazón mudo sentía como se me estrujaba el alma por tu quietud, por esa pequeña luz que tenías para iluminar todo mi cuerpo.

Y aquel día se avecinaba, ya podía sentir como la ira corría caprichosa se atrincheraba en mis venas, casi como una intuición. Ahora contame, Marco, decime,  ¿acaso no lo oíste llegar vos también, acaso no se te ocurrió servirte de tu voluntad y usarla como un bastión para dejarme?.

CAPITULO SEGUNDO

Ese invierno empezó como el principio de un viaje de corto final, como una estación que condenaría todas las demás estaciones, con una voz cuya reverberancia me acompañaría hasta la muerte.

Vos Marco, aún estabas tirado a mi lado con el semblante tranquilo de siempre. Me desbordaba saberte sereno, mientras yo apenas si podía respirar sin que me temblara el pecho, intentando que mis parpados no se rebelaran contra la oscuridad de la noche, contra el sonido ensordecedor de mi respiración y su diálogo con el silencio.

De los sueños sin sentido volvía a la vigilia y vos seguías ahí, sin moverte, sin  doblar siquiera un brazo o una pierna, entreabriendo tu boca de labios perfectos. Y yo me levantaba, iba hasta la cocina y me pasaba la hora fumando cigarrillos, paseándome una moneda entre los dedos, galopando con las uñas sobre la pequeña mesa de madera justo al frente de la cocina.

Pero Marco, tenías que saber que esa noche no fue como tantas otras, que en la mañana ya no estarías ahí para seguir haciendo de mi vida un calvario mudo.

Duerme, querido Marco, me decía yo de paso,  que lentamente vendrá el olvido y el olor de otras mañanas. Duerme, que alguien dirá tu nombre diez, cien, mil veces, y será distinto, y será determinante.  Duerme, que el cuchillo hundido en tu pecho no habría podida trazar otro destinos mas que tu sueño eterno.

Y aquella vez tampoco hubo gritos, siquiera un sollozo que me congraciara con el sonido del final, solo tu rostro, que como un túnel sombrío se quedaba cada vez más a oscuras.

Para los albores de ese día la casa no era más que un oasis de horror, y vos Marco, querido, solo un charco de sangre apenas iluminado por el sol que se colaba por la ventana, con los primeros vestigios de la mañana.